Y sea lo que fuere lo que se logra mediante la voluntad, siempre será una carga, siempre será un conflicto, una tensión interna, y podrás llegar a perderlo en cualquier momento. Hay que mantenerlo y ocuparse de ello continuamente, y para eso hace falta energía, y por ello, el mantenerlo te disipa. Sólo aquello que se obtiene a través de la ausencia de esfuerzo no representará nunca una carga, y solo aquello que no es una carga puede ser eterno. Solo aquello que no es antinatural puede permanecer contigo para siempre. Chuang Tzu dice que lo real, lo divino, lo existencia, hay que alcanzarlo perdiéndose completamente en ello. Incluso el esfuerzo de alcanzarlo se convierte en una barrera, por lo tanto no puedes abandonarte a ello. El esfuerzo por abandonarte también se convierte en una barrera. ¿Cómo es posible hacer un esfuerzo para abandonarse? Todo esfuerzo nace del ego, y el ego se refuerza a través del esfuerzo. El ego es la enfermedad. Así que hay que abandonar todo esfuerzo por completo, no hay nada que hacer; hay que abandonarse por completo a lo existencial. Uno tiene que convertirse de nuevo en un niño pequeño, en un recién nacido, sin saber lo que es correcto ni equivocado, sin saber de distinciones. Una vez que aparecen las distinciones, una vez que se sabe esto es correcto y eso es erróneo, ya estás enfermo, y cada vez te alejas más de la realidad. Un niño vive de manera natural: es total. No hace ningún esfuerzo, porque realizar un esfuerzo significa luchar contra uno mismo. Una parte de ti está a favor y otra parte en contra, de ahí proviene el esfuerzo. En este mundo se puede conseguir mucho a través del esfuerzo porque el esfuerzo es agresión, el esfuerzo es violencia, el esfuerzo es competición. Pero en el otro mundo no se puede lograr nada a través del esfuerzo, y quienes empiezan mediante el esfuerzo acaban también por dejarlo. El Buda se esforzó durante seis años, meditando continuamente, y concentrándose se convirtió en un asceta. Hizo todo lo que un ser humano podía hacer, no dejó una piedra sin remover, ni un palmo de su ser sin examinar. Pero se trataba de un esfuerzo, el ego estaba presente; fracasó. Nada fracasa tanto como el ego en lo esencial; nada triunfa tanto como el ego en este mundo. En el mundo de la materia nada triunfa tanto como el ego; en el mundo de la conciencia nada fracasa tanto como el ego. Es justo lo opuesto, y tiene que ser así porque la dimensión es justo la opuesta. El Buda fracasó de manera absoluta. Al cabo de seis años estaba totalmente frustrado, y cuando digo totalmente, quiero decir completamente. No le quedaba ni un pequeño fragmento de esperanza; se desesperanzó. Y en esa desesperanza abandonó todo esfuerzo. Ya había abandonado el mundo, ya había abandonado su reino; todo eso pertenece al mundo visible que había abandonado, al que había renunciado. Y ahora, al cabo de seis años de un esfuerzo agotador, también abandonaba todo lo que pertenece al otro mundo. Se hallaba en un vacío completo: vacío. Esa noche su sueño fue de una naturaleza diferente porque no había ego; surgió un silencio de una naturaleza diferente porque no había esfuerzo; esa noche tuvo lugar en él una naturaleza de ser diferente porque no había ensoñación. Si no hay esfuerzo, no hay nada incompleto, por lo tanto no hay necesidad de soñar: un sueño siempre es completar algo: algo que ha quedado incompleto durante el día será completado en un sueño porque la mente tiene una tendencia a completarlo todo. Si no se completa, entonces la mente se sentirá incómoda. Se pone esfuerzo en muchas cosas y, si quedan incompletas es necesario soñar. Cuando existe el deseo también existe el sueño, porque desear es soñar, soñar es solamente una sombra de desear. Esa noche, en la que no había nada que hacer –ese mundo ya era fútil, y ahora el otro también se convirtió en fútil-, había cesado todo motivo para iniciar un movimiento. No había ningún sitio al que ir, ni nadie que tuviese que ir a parte alguna. Esa noche el sueño se convirtió en samadhi, en satori; se convirtió en lo esencial que puede sucederle a un hombre. El Buda floreció esa noche y por la mañana estaba iluminado. Abrió los ojos, miró al lucero del alba en el cielo, y allí estaba todo. Siempre había estado allí, pero lo había deseado tanto que no lo había podido ver. Siempre estuvo allí, pero se movió tanto hacia el futuro impelido por el deseo que no pudo ver el aquí y ahora. Esa noche no hubo deseo, ni objetivo, ni ningún lugar al que ir, no nadie que debiese ir; cesó todo esfuerzo. De repente se hizo consciente de sí mismo, de repente se hizo consciente de la realidad tal cual es. Chuang Tzu dice desde el principio: No hagas ningún esfuerzo. Y tiene razón, porque nunca conseguirás realizar un esfuerzo tan total como el del Buda. Nunca llegarás a estar tan frustrado como para que el esfuerzo se desplome por sí mismo; siempre será incompleto. Y tu mente siempre podrá ir diciendo: “Un poco más y sucederá algo, solo un poco más… El objetivo está cerca, ¿por qué te desanimas? Solo hace falta un poco más de esfuerzo, porque el objetivo está cada día más cerca”. Como nunca llegarás a realizar un esfuerzo tan absoluto, nunca llegarás a desesperanzarte por completo. Y podrás continuar realizando ese esfuerzo poco entusiasta durante muchas más vidas, que es lo mismo que has estado haciendo en el pasado. No es la primera vez que apareces ante mí. Esta no es la primera vez que haces un cierto esfuerzo para realizar la verdad, lo real. Lo habéis hecho ya muchísimas veces, más de un millón de veces en el pasado, pero seguís esperanzados. Chuang Tzu dice: Es mejor soltar el esfuerzo desde el principio. Tiene que soltarse; o lo sueltas desde el principio o deberás soltarlo al final. ¡Pero el final puede que no esté cercano! Así que existen dos opciones: o hacer el esfuerzo total, tan total que acabe con toda esperanza y llegues a realizar que no hay nada que alcanzar mediante el esfuerzo, de manera que en el inconsciente no quede ni el mínimo fragmento que pueda susurrar: “Haz un poco más y lo lograrás”. O haces un esfuerzo total y este acaba cayendo por sí mismo, o no hagas ningún esfuerzo. Compréndelo. No tienes ni que acercarte a ello. Recuerda una cosa: no podrás salirte si es incompleto; una vez entrado hay que completarlo. Ya que la mente cuenta con una tendencia a finalizarlo todo; no solo la mente humana, también la mente animal. Si dibujamos un semicírculo, incompleto, y llega un gorila y lo ve y encuentra por allí un pedazo de tiza, lo completará de inmediato. Por ello, la tendencia de la mente a completar todo lo que está incompleto ocasiona tensión. Si querías llorar y no has podido, habrá tensión. Por eso te has convertido en una larga enfermedad; todo está incompleto. Nunca te has reído totalmente, nunca has llorado totalmente, nunca te has enfurecido totalmente, nunca has odiado totalmente, nunca has amado totalmente. No se ha hecho nada totalmente, y siempre tienes muchas cosas en la cabeza. Nada es total. Todo persiste, y siempre tienes muchas cosas en la cabeza. Por eso enfermas con tanta facilidad; nunca te sientes en casa. Chuang Tzu dice: Es mejor no empezar, porque una vez que se empieza hay que completarlo. Compréndelo y deja de moverte en un círculo vicioso. Por eso he dicho que Chuang Tzu era una flor rara, más rara que un Buda o un Jesús, porque él lo logró simplemente comprendiéndolo. Para Chuang Tzu no hay ningún método, ninguna meditación. Lo que él dice es: sólo tienes que comprenderlo. Has nacido. ¿Qué esfuerzo realizaste para nacer? Creciste. ¿Qué esfuerzo realizaste para crecer? Respiras. ¿Qué esfuerzo realizas para respirar? Todo se mueve por sí mismo, entonces, ¿para qué preocuparse? Que la vida fluya por sí misma y entonces estarás en un continuo soltar. No luches y no trates de ir contracorriente, ni siquiera intentes nadar; solo tienes que fluir con la corriente y dejar que esta te lleve allí donde se dirija. Sé una nube blanca moviéndose en el cielo… sin objetivo, sin ir a ninguna parte, solo flotando. Este flotar es la flotación esencial. Así que lo primero para comprender a Chuang Tzu antes de que entremos en sus sutras es: sé natural. Hay que evitar todo lo antinatural. No hagas nada que sea antinatural. La naturaleza es suficiente, no puedes mejorarla, pero el ego dice: no, sí que puedes mejorar la naturaleza; esa es la razón de la existencia de la cultura. Cualquier esfuerzo por mejorar la naturaleza es cultura, y toda la cultura es como una enfermedad; cuando más culturizado está un hombre, más peligroso es. He oído que un cazador, un cazador europeo, se perdió en una selva de África. De repente encontró unas pocas cabañas. Nunca había oído que allí, en aquella densa jungla, existiese ningún poblado; no aparecía en ningún mapa. Así que se acercó al jefe del poblado, y le dijo: “Es una pena que estén perdidos para la civilización”. El jefe le contestó: “No, no es una pena. Siempre tememos que nos descubran; una vez que llegue la civilización estaremos perdidos”. La naturaleza se pierde cuando se hace el esfuerzo de mejorarla; eso significa que se está tratando de mejorar la obra de Dios. Eso es lo que intentan todas las religiones: mejorar la obra de Dios. Chua
ng Tzu no está a favor de eso. Él dice que la naturaleza es esencial y no puede mejorarse. Si tratas de mejorarla, la fastidias; así es como lisiamos a todos los niños. Todos los niños nacen en el Tao, después los lisiamos con la sociedad, la civilización, la cultura, la moralidad, la religión… Los lisiamos por todas partes. Luego viven, pero no están vivos.
Ciertamente, corresponde a la educación, especialmente en una escuela donde tienen la oportunidad de la expresión creativa, ayudar a los estudiantes a que no queden atrapados en esas influencias sociales y ambientales que estrecharán sus mentes y, por ende, limitarán su perspectiva de la vida y su posibilidad de ser felices; y me parece que aquellos que están a punto de ingresar en el colegio, deberían conocer por sí mismos los múltiples problemas que todos afrontamos. Es muy importante, sobre todo en el mundo al que van a enfrentarse, tener una inteligencia extraordinariamente clara, y esa inteligencia no puede tener su origen en ninguna influencia externa ni en los libros. Llega, pienso, cuando uno se da cuenta de estos problemas y puede encararlos, no en un sentido personal o limitado, no como americano o hindú o comunista, sino como un ser humano capaz de sostener la responsabilidad de percibir el verdadero valor de las cosas tal como son y no interpretarlas conforme a alguna ideología particular o a algún determinado patrón de pensamiento. ¿No es importante que la educación nos prepare a cada uno de nosotros para comprender y encarar nuestros problemas humanos, y no que nos provea meramente de conocimientos o de adiestramiento tecnológico? Porque ya ven, la vida no es nada fácil. Ustedes pueden haber disfrutado de un período feliz, un período creativo, un período en el cual han madurado; pero cuando dejen la escuela, las cosas empezarán a ocurrir y a cercarles, estarán limitados no sólo por las relaciones personales sino por las influencias sociales, por sus propios temores y por la inevitable ambición de triunfar.
Pienso que ser ambicioso es una calamidad. La ambición es una forma de interés propio, de encierro en uno mismo; por lo tanto, engendra mediocridad de la mente. Vivir en un mundo lleno de ambición sin ser ambicioso significa, realmente, amar algo por sí mismo sin buscar recompensa, un resultado; y eso es muy difícil, porque todo el mundo, todos nuestros amigos, nuestras relaciones, todos están luchando para triunfar, para realizarse personalmente, para ser alguien. Pero comprender todo esto, libramos de ello y hacer algo que realmente amamos -no importa qué, por modesto o poco reconocido que sea-, eso, pienso, despierta el espíritu de grandeza que nunca busca aprobación ni recompensa, que hace las cosas por amor a ellas mismas y que, por lo tanto, tiene la fuerza y la capacidad de no quedar atrapado en la influencia de la mediocridad. Pienso que es muy importante que vean eso mientras son jóvenes, porque las revistas, los periódicos, la televisión y la radio acentúan constantemente el culto al éxito, y con eso alientan la ambición y la competencia que engendran mediocridad de la mente. Cuando ustedes son ambiciosos, están ajustándose meramente a un patrón particular de la sociedad, sea en América, en Rusia o en la India; por lo tanto, están viviendo en un nivel muy superficial. Cuando dejen la escuela e ingresen en el colegio, y más tarde se enfrenten al mundo, me parece que lo importante es que no se rindan, que no inclinen sus cabezas ante las distintas influencias, sino que las afronten y las comprendan tal como son y vean cuál es la verdadera significación y el valor que tienen; y que hagan todo esto con espíritu bondadoso y gran fuerza interior, lo cual no creará más discordia en el mundo. Pienso, pues, que una verdadera escuela debe traer una bendición al mundo merced a sus estudiantes. Porque el mundo necesita una bendición, se encuentra en un estado terrible; y la bendición podrá venir sólo cuando nosotros, como individuos, no estemos buscando el poder, no estemos tratando de satisfacer nuestras ambiciones personales, sino que tengamos una clara comprensión de los inmensos problemas con los que todos estamos enfrentados. Esto requiere una gran inteligencia, la cual implica, en realidad, una mente que no piensa de acuerdo con ningún patrón particular, sino que es libre en sí misma y, por lo tanto, tiene la capacidad de ver lo que es verdadero y dejar de lado lo que es falso.
Se convierten en especialistas, saben mucho acerca de este o aquel tema y se interesan muy poco por las cosas que les rodean: el mendigo de la calle, el hombre rico que pasa cerca de ustedes en su automóvil. Si queremos saber por qué hay riqueza y pobreza en el mundo, podemos encontrar una explicación. Hay explicaciones para todo, y la explicación parece satisfacer a la mayoría de nosotros. Lo mismo es válido para la religión. Nos satisfacen las explicaciones; y a ese explicarlo todo lo llamamos conocimiento. ¿Es esto lo que entendemos por educación? ¿Aprendemos para descubrir, o meramente requerimos explicaciones, definiciones, conclusiones a fin de tranquilizar nuestras mentes y así no tener que seguir investigando? Nuestros mayores pueden habémoslo explicado todo, pero con eso han apagado generalmente nuestro interés. A medida que crecemos la vida se vuelve más compleja y muy difícil. ¡Hay tantas cosas para conocer, hay tanta desdicha y sufrimiento! Y viendo toda esta complejidad pensamos que hemos resuelto todo eso mediante explicaciones. Muere alguien y explicamos esa muerte; de tal modo, el sufrimiento se amortigua por medio de la explicación. Tal vez nos rebelemos contra la idea de la guerra mientras somos jóvenes, pero ya adultos aceptamos la explicación de la guerra y nuestras mentes se embotan. Cuando somos jóvenes, lo importante no es satisfacernos con explicaciones sino averiguar cómo es posible ser inteligentes y, de ese modo, descubrir la verdad de las cosas; y no podemos ser inteligentes si no somos libres. Se dice que la libertad llega sólo cuando somos viejos y sabios, pero no hay duda de que tiene que haber libertad mientras aún somos muy jóvenes; no libertad para hacer lo que nos plazca, sino libertad para comprender muy profundamente nuestros propios instintos e impulsos. Tiene que haber una libertad exenta de temor, pero no podemos estar libres del temor mediante una explicación. Somos conscientes de que existe la muerte y el miedo a la muerte. Pero explicando la muerte, ¿podemos saber qué es el morir o podemos estar libres del miedo a la muerte? A medida que vamos creciendo, es importante que tengamos la capacidad de pensar muy sencillamente. ¿Qué es la sencillez? ¿Quién es una persona sencilla? Un hombre que hace vida de ermitaño, que tiene muy pocas pertenencias, ¿es verdaderamente sencillo? ¿Acaso la sencillez no es algo por completo diferente? La sencillez es de la mente y del corazón. Casi todos somos muy complejos, tenemos muchas necesidades y muchos deseos. Por ejemplo, ustedes desean aprobar sus exámenes, desean conseguir un buen empleo, tienen ideales y quieren desarrollar un buen carácter, etc., ¡la mente tiene tantas exigencias! ¿Contribuye eso a la sencillez? ¿No es muy importante descubrirlo? Una mente compleja no puede descubrir la verdad de nada, no puede descubrir lo real, y ésa es nuestra dificultad. Desde la infancia nos educan para que nos amoldemos, y no sabemos cómo transformar la complejidad en simplicidad, en sencillez. Es sólo la mente muy sencilla y directa la que puede encontrar lo real, lo verdadero. Conocemos más y más, pero nuestras mentes nunca son sencillas. Y sólo la mente sencilla es creativa. Cuando ustedes pintan el cuadro de un árbol, ¿qué es lo que están pintando? ¿Sólo una representación del árbol tal cual se ve, con sus hojas, sus ramas, su tronco, el árbol completo en todos sus detalles? ¿O lo pintan desde el sentimiento que el árbol ha despertado en ustedes? Si el árbol les dice algo y lo pintan desde esa experiencia interna, aunque lo que sienten pueda ser muy complejo, el cuadro que pintan será el resultado de una gran sencillez. Es indispensable, cuando son jóvenes, que mantengan la mente muy sencilla, incontaminado, aunque puedan tener toda la información que necesitan. Interlocutor: Si todos fuéramos educados correctamente, ¿estaríamos libres de temor? K.: Es muy importante estar libre de temor, ¿no es así? Y no puedes estar libre de temor excepto por intermedio de la inteligencia. Averigüemos, pues, en primer lugar, cómo podemos ser inteligentes, no cómo libramos del temor. Si podemos experimentar qué es ser inteligente, sabremos cómo libramos del temor. El temor es siempre con respecto a algo, no existe por sí mismo. Está el temor a la muerte, el temor a la enfermedad, el temor a la pérdida, el temor a los padres, el temor a lo que dirá la gente, etc.; y la cuestión no es cómo libramos del temor, sino cómo despertar la inteligencia con la cual Poder enfrentamos con el temor, comprenderlo e ir más allá. Ahora bien, ¿cómo puede la educación ayudamos a ser inteligentes? ¿Qué es la inteligencia? ¿Es un asunto de habilidad, de aprobar exámenes? Podremos leer muchos libros, conocer a personajes prominentes, tener muchísima capacidad, ¿pero hace todo eso que seamos inteligentes? ¿O la inteligencia es algo que se revela en nosotros sólo cuando llegamos a estar integrados? Nos hallamos compuestos de muchas partes; a veces nos sentimos ofendidos, celosos, somos violentos, otras veces somos humildes, reflexivos, tranquilos. En distintos momentos somos seres diferentes, jamás somos totales, jamás estamos totalmente integrados, ¿no es así? Cuando un ser humano tiene muchos deseos, internamente está dividido en muchos seres. Uno debe abordar el problema sencillamente. La cuestión es cómo ser inteligentes, a fin de vemos libres del temor. Si desde su más temprana infancia, cualquier dificultad que tengan es discutida con ustedes de modo que la comprensión de la misma no sea meramente verbal sino que les capacite para ver la totalidad de la vida, entonces una educación así puede despertar la inteligencia y, con eso, liberar a la mente del temor. Interlocutor: Usted ha dicho que ser ambicioso es ser estúpido y cruel ¿Es entonces estúpido y cruel tener la ambición de obtener la clase correcta de educación? K.: ¿Eres ambicioso? ¿Qué es la ambición? Cuando deseas ser mejor que otro, obtener mejores notas que algún otro, eso es, sin duda, lo que llamamos ambición. Un pequeño político es ambicioso al desear convertirse en gran político; pero ¿es ser ambicioso desear la clase correcta de educación? Cuando haces algo que amas, ¿es ambición eso? Cuando escribes o pintas no porque desees prestigio sino porque amas escribir o pintar, eso no es ambición, ciertamente. La ambición interviene cuando te comparas con otros escritores o artistas, cuando deseas tener éxito. Por lo tanto, cuando haces algo que amas realmente, eso no es ambición. Interlocutor: Cuando uno desea encontrar la verdad o la paz, se convierte en un sanyasi. ¿Un sanyasi conoce, entonces, la sencillez? K.: ¿Conoce uno la sencillez cuando desea la paz? ¿Es por convertirse en un sanyasi o en un sadhu por lo que uno es sencillo? Ciertamente, la paz es algo que no pertenece a la mente. Si deseo la paz y trato de quitar de mi mente todos los pensamientos de violencia, ¿me traerá eso la paz? O si tengo muchos deseos y digo que no debo tener deseos, ¿seré pacífico? En el momento en que uno desea algo está en conflicto, lucha, y lo que genera sencillez es nuestra propia comprensión de todo el proceso del deseo. Interlocutor: Si somos educados del modo correcto estamos libres de temor, y si nos educan erróneamente somos temerosos. ¿Es cierto eso? K.: Es obviamente cierto, ¿no es así? ¿Y acaso no estamos atemorizados por una cosa u otra? Todos le temen a algo: a la opinión pública, a la muerte, a la enfermedad. Eso es un hecho obvio. Interlocutor: Si, como usted dice, todos sienten temor, entonces nadie es un santo ni un héroe. ¿No hay entonces grandes hombres en este mundo? K.: Ése es un razonamiento meramente lógico, ¿verdad? ¿Por qué debemos preocupamos de los grandes hombres, de los santos, de los héroes? Lo que importa es lo que uno es. Si uno es temeroso, va a crear un mundo feo. Ésa es la cuestión, no si hay grandes hombres. Interlocutor: Usted dijo que la explicación es una cosa mala. Hemos venido aquí en busca de explicación. ¿Es malo eso? K.: Yo no dije que la explicación es mala; dije que no se satisfagan con explicaciones. Interlocutor: ¿Cuál es su idea acerca del futuro en la India? K.: No tengo idea, ninguna idea en absoluto. No creo que la India como India importe demasiado. Lo que importa es el mundo. Ya sea que vivamos en la China o en Japón, en Inglaterra, en la India o en América, todos decimos: “Mi país importa muchísimo”, y nadie piensa en el mundo como una totalidad; los libros de historia están llenos con la constante repetición de las guerras. Si pudiéramos empezar a comprendemos como seres humanos, tal vez dejaríamos de matamos unos a otros y pondríamos fin a las guerras; pero en tanto seamos nacionalistas y pensemos tan sólo en nuestro propio país, seguiremos creando un mundo terrible. Si alguna vez vemos que ésta es nuestra Tierra donde todos podemos vivir felizmente y en paz, entonces juntos construiremos de nuevo; pero si seguimos pensando en nosotros mismos como indios, alemanes o rusos, y consideramos a todos los demás como extranjeros, entonces no habrá paz y no podrá crearse ningún mundo nuevo. Interlocutor: Usted dice que hay muy pocas personas en este mundo que sean grandes. ¿Entonces qué es usted? K.: No importa lo que soy yo. Lo que importa es descubrir la verdad o falsedad de lo que se dice. Si usted piensa que tal o cual cosa es importante porque fulano de tal la está diciendo, entonces no está escuchando realmente, no está tratando de descubrir por sí mismo qué es verdadero y qué es falso. Pero, ya lo ve, casi todos tenemos miedo de descubrir por nosotros mismos qué es verdadero y qué es falso, y por eso aceptamos meramente lo que algún otro dice. Lo importante es cuestionar, observar, no aceptar jamás. Por desgracia, la mayoría de nosotros escucha sólo a quienes considera que son grandes personas, a alguna autoridad establecida, a los Upanishads, al Gita, a lo que fuere. Jamás prestamos atención a los pájaros, al sonido del mar o al mendigo. Así nos perdemos lo que el mendigo está diciendo; puede haber verdad en lo que dice el mendigo y ninguna verdad en lo que dice el rico o el hombre investido de autoridad. Interlocutor: Nosotros leemos libros a causa de nuestra curiosidad. Cuando usted era joven, ¿no era curioso? K.: ¿Piensa usted que meramente leyendo libros descubre por sí mismo lo que es verdadero? ¿Descubre alguna cosa repitiendo lo que otros han dicho? ¿O sólo descubre investigando, dudando, no aceptando jamás? Muchos de nosotros leemos montones de libros sobre filosofía y esta lectura moldea nuestras mentes, lo cual hace muy difícil descubrir por nosotros mismos qué es verdadero y qué es falso. Cuando la mente ya está moldeada, formada, sólo puede descubrir la verdad a costa de las más grandes dificultades. Interlocutor: ¿No deberíamos preocuparnos por el futuro? K.: ¿Qué entiendes por el futuro? De aquí veinte o cincuenta años, ¿es eso para ti el futuro? El futuro que está a muchos años de distancia es muy incierto, ¿no es así? Tú no sabes qué es lo que va a suceder. ¿De qué te sirve, entonces, que te preocupes o te inquietes al respecto? Puede haber una guerra, una epidemia, cualquier cosa puede ocurrir; de modo que el futuro es incierto, desconocido. Lo que importa es cómo vives ahora, lo que piensas, lo que sientes ahora. Importa muchísimo el presente, el hoy, no el mañana o lo que va a suceder de aquí a veinte años; y comprender el presente requiere muchísima inteligencia. Interlocutor: Cuando somos jóvenes somos muy traviesos y no siempre sabemos qué es bueno para nosotros. Si un padre aconseja a su hijo por el bien del hijo, ¿no debe el hijo seguir el consejo de su padre? K.: ¿Qué piensas tú? Si soy un padre, primero debo averiguar qué es lo que mi hijo desea hacer realmente en la vida, ¿verdad? ¿Conoce el padre lo suficiente acerca del hijo como para aconsejarle? ¿Ha estudiado al hijo? ¿Cómo puede un padre que tiene muy poco tiempo para observar a su hijo, ofrecerle consejos? Suena lindo decir que el padre debe guiar a su hijo, pero si el padre no conoce a su hijo, ¿qué es lo que ha de hacer? Un niño tiene sus propias inclinaciones y capacidades que han de ser estudiadas, no sólo por cierto tiempo o en un lugar determinado, sino durante todo el período de su infancia. Interlocutor: Usted dijo la última vez que el idealista es un hipócrita. Si queremos construir un edificio, primero debemos tener una idea de él. ¿No debemos, de igual modo, tener primero un ideal si vamos a construir un mundo nuevo? K.: Tener una idea de un edificio que vamos a construir no es lo mismo que ser idealista con respecto a algo. Son, por cierto, dos cosas diferentes. Interlocutor: Al aspirar al bienestar de nuestro propio país, ¿no aspiramos también al bienestar de la humanidad? ¿Está dentro de los alcances del hombre común aspirar directamente al bienestar de la humanidad? K.: Cuando buscamos el bienestar de nuestro país a expensas de otros países, eso conduce a la explotación y al imperialismo. Mientras pensemos exclusivamente en nuestro país, por fuerza tendremos que crear conflicto y guerra. Cuando usted pregunta si está dentro de los alcances del hombre común aspirar directamente al bienestar de la humanidad, ¿qué es lo que entiende por hombre común? ¿Usted y yo no somos el hombre común? ¿Acaso somos diferentes del hombre común? ¿Qué es lo que hay de excepcional respecto de nosotros? Somos todos seres humanos corrientes, ¿no es así? ¿Sólo porque poseemos ropas limpias y llevamos zapatos o tenemos un automóvil, piensa usted que somos diferentes de otros que no poseen estas cosas? Todos somos personas comunes, y si realmente comprendemos esto podremos dar origen a una revolución. Una de las fallas de nuestra educación actual es la de hacemos sentir tan exclusivos, tan sobre un pedestal por encima del así llamado hombre de la calle.
Capitulo 3.0 De El arte de vivir Por: Jiddu Krishnamurti
van al templo, adoran un ídolo, repiten frases del Gita o de algún otro libro sagrado, o practican algún ritual. Hacer estas cosas y creer en algo, es lo que ellos llaman religión. ¿Pero piensan ustedes que es así? Ir al templo, poner flores a los pies de un ídolo hecho por la mano, practicar algún ritual día tras día, año tras año hasta que mueren, ¿es religión eso?
tenemos una idea de lo que es Dios, y esa idea es creada por la mente, ¿no es así? El ídolo es fabricado por la mente mediante la mano, y la idea de Dios es elaborada y sostenida en la mente como algo maravilloso, algo que debe venerarse igual que al ídolo sagrado. Tanto la idea como el ídolo son hechura de la mente, ¿verdad? Obviamente no son Dios, porque es la mente la que los ha inventado. En Europa verán ustedes la figura esculpida de un ser humano desnudo y clavado en una cruz, y ellos adoran esa figura. Aquí en la India hacemos lo mismo de una manera diferente. Ya sea en la India, en Europa o en América, le rezamos a una imagen, adoramos una idea y gradualmente edificamos una cosa llamada religión, una religión inventada por la mente.
lejano, que está al final, no al principio. Pero, ciertamente, tiene que haber libertad desde la infancia, de lo contrario jamás serán libres.
Capitulo 2.0 De El arte de vivir Por: Jiddu Krishnamurti
Tenemos que comprender la ambición, la guerra, el espíritu militar; y es mucho más esencial que comprendamos esa cosa extraordinaria llamada paz. Tenemos que comprender el significado de la religión -la cual no es una mera especulación o la adoración de imágenes- y también esa cosa muy extraña y compleja llamada amor. Tenemos que ser sensibles a la belleza de la vida, al pájaro que vuela, y también al mendigo, a la escualidez del pobre, a las feísimas construcciones que la gente levanta, a las sucias calles y al templo más sucio aún. Tenemos que afrontar todos estos problemas. Y tenemos que enfrentamos con la cuestión de a quién seguir o no seguir y si debemos seguir a alguien en absoluto. La mayoría de nosotros se interesa en producir un cambio aquí y allá, y con eso se satisface. Cuanto más avanzamos en edad, tanto menos queremos cualquier cambio profundo, fundamental, porque tenemos miedo. No pensamos en los términos de una transformación total, sólo pensamos en términos de un cambio superficial; y si uno lo examina encontrará que el cambio superficial no es cambio en absoluto. No es una revolución radical, sino solamente una continuación modificada de lo que ha sido. Todas estas cosas tienen ustedes que afrontar, desde su propia felicidad y desdicha hasta la felicidad y desdicha de la mayoría, desde sus propias ambiciones y búsquedas egocéntricas a las ambiciones, motivaciones y búsquedas de los demás. Tienen que afrontar la competencia, la corrupción en sí mismos y en otros, el deterioro de la mente, la vacuidad del corazón. Tienen que conocer todo esto, tienen que afrontarlo y comprenderlo por sí mismos. Pero, por desgracia, no están preparados para ello. ¿Qué hemos comprendido cuando dejamos la escuela? Podremos haber recogido unos pocos conocimientos, pero somos tan torpes, vacíos y superficiales como cuando llegamos. Nuestros estudios, nuestra asistencia a la escuela, nuestros contactos con los maestros no nos han ayudado a comprender estos problemas tan complejos de la vida. Los maestros son tediosos y nosotros nos volvemos tan tediosos como ellos. Ellos sienten temor y nosotros sentimos temor. Es tanto responsabilidad nuestra como de los maestros ver que salgamos de aquí para entrar en el mundo con madurez, con profundidad en el pensar, sin temor y, por lo tanto, con capacidad para afrontar la vida inteligentemente. Ahora bien, parece muy importante encontrar una respuesta a todos estos problemas tan complejos; pero no hay respuesta. Todo cuanto podemos hacer es afrontar estos problemas inteligentemente a medida que surgen. Por favor, comprendan esto. Instintivamente, ustedes desean una respuesta, ¿verdad? Piensan que leyendo libros, siguiendo a alguien, encontrarán respuestas a todos estos problemas tan complejos y sutiles problemas de la vida. Encontrarán creencias, teorías, pero ésas no serán respuestas, porque estos problemas han sido creados por seres humanos como ustedes. La espantosa insensibilidad, el hambre, la crueldad, la fealdad, la escualidez, todo esto ha sido creado por los seres humanos; y para dar origen a una transformación fundamental tienen que comprender la mente y el corazón humanos, que son la mente y el corazón de cada uno de ustedes. Buscar meramente una respuesta en un libro o identificarse con algún sistema político o económico, por mucho que pueda prometer, o practicar algún absurdo religioso con todas sus supersticiones o seguir a un gurú, ninguna de estas cosas les ayudará a comprender estos problemas humanos, porque son creados por ustedes y por otros como ustedes. Para comprenderlos tienen que comprenderse a sí mismos, comprenderse tal como viven de instante en instante, de día en día, de año en año; y para esto necesitan inteligencia, muchísimo discernimiento, paciencia, amor. Tenemos, pues, que averiguar qué es la inteligencia, ¿no es así? Todos usan esa palabra con mucha prodigalidad; pero hablar meramente de la inteligencia no les hará inteligentes. Los políticos repiten todo el tiempo palabras como “inteligencia”, “integración”, “una nueva cultura”, “un mundo unido”, pero son meras palabras que significan muy poco. Así que no usen palabras sin comprender realmente todo lo que implican. Estamos tratando de averiguar qué es la inteligencia, no meramente su definición, que podemos encontrar en cualquier diccionario, sino que trataremos de conocer, de sentir, de comprender qué es la inteligencia, porque si tenemos esa inteligencia, ella nos ayudará a cada uno de nosotros, a medida que vayamos creciendo, a tratar con los enormes problemas de nuestra vida. Y sin esa inteligencia, por mucho que leamos, estudiemos, acumulemos conocimiento, reformemos produciendo pequeños cambios aquí y allá en el patrón de la sociedad, no podrá haber verdaderamente transformación ni una felicidad perdurable. Y bien, ¿qué significa la inteligencia? Voy a averiguar qué significa. Tal vez ello resulte difícil para algunos de ustedes, pero no se preocupen mucho tratando de seguir las palabras; en vez de eso, procuren percibir el contenido de aquello a que me estoy refiriendo. Traten de percibir la cosa, la cualidad de la inteligencia. Si la perciben ahora, entonces, a medida que crezcan, verán más y más claramente la significación de lo que he estado diciendo. La mayoría de nosotros piensa que la inteligencia es el resultado de adquirir conocimientos, información, experiencia. Pensamos que, teniendo mucho conocimiento y experiencia, seremos capaces de afrontar inteligentemente la vida. Pero la vida es una cosa extraordinaria, jamás está fija; como el río, fluye constantemente, nunca está quieta. Pensamos que acumulando más experiencia, más conocimiento, más virtud, más salud, más posesiones, seremos inteligentes. Por eso respetamos a las personas que han acumulado conocimientos, los eruditos, y también a las personas ricas y llenas de experiencia. Pero la inteligencia, ¿es el resultado del “más”? ¿Qué hay detrás de este proceso de tener más, de desear más? Al desear más, lo que nos interesa es acumular, ¿no es así? Ahora bien, ¿qué sucede cuando hemos acumulado conocimiento, experiencia? Cualquier experiencia ulterior que podamos tener es traducida inmediatamente a términos del “más”, y nunca estamos experimentando realmente, siempre estamos acumulando; y esta acumulación es el proceso de la mente, que es el centro del “más”. El “más” es el “yo”, el ego, la entidad encerrada en sí misma que sólo se interesa en acumular, ya sea negativamente o positivamente. De ese modo, con su experiencia acumulada, la mente afronta la vida. Al afrontar la vida con esta acumulación de experiencias, la mente está siempre buscando el “más”, por lo que nunca experimenta, sólo acumula. Mientras la mente sea un mero instrumento del acumular, no hay verdadera experimentación. ¿Cómo puede uno estar abierto a la experiencia, cuando siempre está pensando en obtener algo de esa experiencia, en adquirir algo más? Por lo tanto, el hombre que acumula, que guarda, el hombre que desea jamás está experimentando frescamente la vida. Sólo cuando la mente no se interesa en el “más “, en acumular, tiene posibilidad de ser inteligente. Cuando lo que le interesa es el “más”, cada nueva experiencia fortalece el muro del encierro en uno mismo, fortalece el “yo”, el proceso egocéntrico que es el núcleo de todos los conflictos. Por favor, sigan esto. Ustedes piensan que la experiencia libera a la mente, pero no lo hace. En tanto la mente se interesa en la acumulación, en el “más”, cada experiencia que tenemos refuerza nuestro interés propio, nuestro proceso egocéntrico de pensamiento. La inteligencia sólo es posible cuando hay verdadera libertad con respecto al sí mismo, al “yo”, o sea, cuando la mente ya no está presa en el deseo de una experiencia más grande, más amplia, más expansivo. La inteligencia es libertad respecto de la presión del tiempo, ¿no es así? Porque el “más” implica tiempo, y en tanto la mente sea el centro de la exigencia del “más”, la mente es el resultado del tiempo. Por consiguiente, cultivar el “más” es negar la inteligencia. La comprensión de todo este proceso es conocimiento propio. Cuando, sin que haya un centro acumulativo, uno se conoce a sí mismo tal como es, de ese conocimiento propio surge la inteligencia que puede afrontar la vida; esa inteligencia es creativa. Miren su propia vida, qué torpe, qué estúpida, qué estrecha es porque ustedes no son creativos. Cuando sean mayores tal vez tengan hijos, pero eso no es ser creativo. Puede que sean burócratas, pero en eso no hay vitalidad, ¿no es así?, es una rutina muerta, un completo aburrimiento. La vida de ustedes está cercada por el miedo y, en consecuencia, hay autoridad e imitación. No saben qué es ser creativo. Por creatividad no entiendo pintar cuadros, escribir poemas o tener habilidad para cantar. Me refiero a la naturaleza más profunda de la creatividad que, una vez descubierta, es una fuente eterna, una corriente inmortal; y sólo puede darse con ella por conducto de la inteligencia. Esa fuente es lo intemporal; pero la mente no puede dar con lo intemporal en tanto exista el centro del “yo”, de la personalidad egocéntrico, de la entidad que está perpetuamente requiriendo el “más”. Cuando comprendan todo esto, no sólo verbalmente sino muy a fondo, encontrarán que con la inteligencia despierta llega una creatividad que es la realidad misma, que es Dios, sobre la cual no puede especularse ni cavilarse. Jamás darán con ella mediante sus prácticas de meditación, mediante sus rezos por el “más” o sus escapes del “más”. Esa realidad podrá llegar a existir sólo cuando comprendan el estado de su propia mente, la malicia, la envidia, las complejas reacciones a medida que surgen de instante en instante, cada día. En la comprensión de estas cosas adviene un estado que puede ser llamado amor. Ese amor es inteligencia y trae consigo una creatividad que es intemporal. Interlocutor: La sociedad se basa en nuestra dependencia mutua. El médico tiene que depender del granjero y el granjero del médico. ¿Cómo puede un hombre ser por completo independiente? K.: La vida es relación. Aun el sanyasi está relacionado; podrá renunciar al mundo, pero sigue estando relacionado con el mundo. No podemos escapar de la relación. Para la mayoría de nosotros, la relación es una fuente de conflicto; en la relación hay temor porque dependemos psicológicamente de otro, ya sea del marido, de la esposa, del padre o de un amigo. La relación existe no sólo entre uno mismo y el padre, entre uno mismo y el hijo, sino también entre uno mismo y el maestro, el cocinero, el sirviente, el gobernador, el comandante y toda la sociedad; y en tanto no comprendamos esta relación, no estaremos libres de la dependencia psicológica que genera miedo y explotación. La libertad llega sólo con la inteligencia. Sin inteligencia, el mero buscar independencia o libertad respecto de la relación es perseguir ilusiones. Lo importante, pues, es comprender nuestra dependencia psicológica en la relación. Cuando revelamos las cosas ocultas de nuestra mente y de nuestro corazón, comprendiendo nuestra propia soledad, nuestro vacío, como estamos libres, libres no de nuestra relación sino de la dependencia psicológica que ocasiona conflicto, desdicha, pena, temor. Interlocutor: ¿Por qué es desagradable la verdad? K.: Si pienso que soy muy hermoso y tú me dices que no lo soy, lo cual puede ser cierto, ¿me agrada eso? Si pienso que soy muy inteligente, muy ingenioso, y tú señalas que en realidad soy una persona más bien tonta, eso es muy desagradable para mí. Y la acción de señalar mi estupidez, a ti te provoca un sentimiento de placer, ¿verdad? Halaga tu vanidad, muestra lo inteligente que tú eres. Pero no deseas mirar tu propia estupidez; quieres escapar de lo que eres, quieres ocultarte de ti mismo, quieres tapar tu propia estupidez, tu propia soledad. Entonces buscas amigos que nunca te digan lo que eres. Deseas mostrar a otros lo que ellos son, pero cuando los otros te muestran lo que tú eres, eso no te agrada. Evitas aquello que expone tu propia naturaleza interna. Interlocutor: Hasta ahora nuestros maestros han estado muy seguros y nos han enseñado del modo habitual; pero después de escuchar lo que se ha dicho aquí y después de tomar parte en las discusiones, se han vuelto muy inseguros. Un estudiante inteligente sabrá cómo conducirse en estas circunstancias, pero ¿qué harán aquellos que no son inteligentes? K.:¿Acerca de qué están inseguros los maestros? No acerca de lo que enseñan, puesto que pueden seguir adelante con las matemáticas, la geografía, el habitual plan de estudios. No es de eso de lo que están inseguros. Están inseguros acerca de cómo tratar con el estudiante, ¿no es así? Están inseguros en su relación con el estudiante. Hasta hace muy poco, jamás se preocupaban de su relación con el estudiante, sólo venían a la clase, enseñaban y se iban. Pero ahora les preocupa que puedan estar creando temor al ejercitar su autoridad para hacer que el estudiante les obedezca. Les preocupa saber si están reprimiendo al estudiante o si estimulan su iniciativa y lo ayudan a encontrar su verdadera vocación. Naturalmente, todo esto ha hecho que se sientan inseguros. Pero por cierto, tanto el maestro como el estudiante tienen que sentirse seguros; también tienen que investigar, explorar. Ése es todo el proceso de la vida desde el principio al fin, ¿no es así? No detenerse en cierto punto y decir: “Yo sé”. Un hombre inteligente jamás se halla estático, jamás dice: “Yo sé”. Está siempre investigando, dudando, mirando, explorando, descubriendo. En el instante en que dice “yo sé”, ya está muerto. Y casi todos nosotros, jóvenes o viejos, a causa de la tradición, de las compulsiones, del temor, a causa de la burocracia y los absurdos de nuestra religión, estamos más bien muertos, carecemos de vitalidad, de vigor, de confianza en nosotros mismos. De modo que el maestro ha de investigar y descubrir por sí mismo sus propias tendencias burocráticas y así dejará de embotar la mente de otros; y ése es un proceso muy difícil. Requiere una gran dosis de paciente comprensión. Por lo tanto, el estudiante inteligente ha de ayudar al maestro y el maestro ha de ayudar al estudiante; y ambos han de ayudar al niño o a la niña lerdos y poco inteligentes. Eso es la relación. Ciertamente, cuando el maestro mismo se siente inseguro e investiga, es más tolerante, más vacilante, más paciente y afectuoso con el estudiante lerdo, cuya inteligencia de ese modo puede ser despertado. Interlocutor: El granjero tiene que confiar en el médico para la cura de un dolor físico. ¿También ésta es una relación dependiente? K.: Como hemos visto, si psicológicamente dependo de ti, mi relación contigo se basa en el temor; y en tanto haya temor no hay independencia en la relación. El problema de liberar a la mente del temor es sumamente complejo. Miren, lo importante no es lo que uno dice en respuesta a todas estas preguntas, sino que ustedes descubran por sí mismos la verdad al respecto mediante una constante investigación, lo cual implica no quedar presos en ninguna creencia, en ningún sistema de pensamiento. Es la constante investigación la que crea iniciativa y abre paso a la inteligencia. Estar meramente satisfechos con una respuesta embota la mente. Entonces, es esencial que no acepten, que inquieran de manera constante y empiecen a descubrir por sí mismos todo el significado de la vida. 







